El Ilusionista
En la casualidad de la noche, de lo inesperado, de las miradas que estaban creando un mundo propio en medio del mundo de todos, un todo para dos de pie en un portal imaginario.
El ruido de los motores de los carros desaparecía en el fondo de la escena, y el audio se concentró en el crujiente de las papitas de ese perro callejero que Camilo mordía con cuidado.
Bet: ¿cuánto mides?
Pensé: lo suficiente para estar a la altura de tus labios. Pero mejor me mordí la boca y me recosté sobre ese mágico portal de quinceañeros que cómo el mejor director de escenografía creamos en medio de la Av principal de Medellín usando como utilería un amplio auto de color verde.
Terminado el perro, llegó la echada de perros y como si el espacio de la vía se hubiera reducido a un triángulo de escasos 30 centímetros de altura dibujados en el piso, el espacio para que ambos reposaran era la única esquina de la portada libre de obstáculos.
El viento intervino con un acto de magia abriendo un portal dentro de un portal, acentuando lo inesperado de la noche y acuñando la lista de detalles que estuvo conectando un cruce de miradas que encontraron conectores.
Bet, ya que somos magos y logramos desaparecer la acera, el ruido de los carros, un par de servilletas, la conversación de los motociclistas aledaños, la falta de sex-appeal de la cebolla del perro, completemos la magia y desaparezcamos estos 15 centímetros que nos quedan de distancia….
Comentarios
Publicar un comentario